A Ucrania
A Ucrania
Se extienden las lágrimas sobre el sol naciente.
Centenares de cuerpos sin luz
sepultan las espigas, el cielo los cubre,
la muerte los captura.
Lamentos hacia arriba se vierten.
Las calles son charcos, las plazas hospitales
y las aceras contenedores de la sangre que corre.
En cada espacio de la ciudad,
habitan seres indefensos, esquivando bombas,
evitando ser blanco de misiles y promesas.
Cuantas mentes enfermas debo sortear,
para respirar tranquila, ver mi sangre avivarme
y no expulsarla por aspirar caminar sin hoyos
en mis zapatos y espalda.
Termino cubriendo mis oídos
con esa música de motores asesinos.
Perdí lo poco que guardaba en mis cajones,
un mendrugo de pan,
una botella de anís
el retrato de Gandhi
y la fe esquizofrénica al mañana.
Despierto en un mar de sudor y pólvora,
han matado a mi madre, !Malditos¡
soy rehén de mi dolor y de las botas
que destrozan mi porvenir.
Yaneth Hernández
Venezuela
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