SETENTA Y TRES
Amargura…
ese amargo rocío
se apoderó de ustedes.
Amargo cabaret, oscuro cielo,
desgraciados hombres ¿qué han hecho?
Robaron la alegría picaresca
de cada una de las rosas de la Macarena.
Amargura, en sed de venganza te convertiste
ni la luz de Olofi desvanecerte.
Saciaron la amarga sed justiciera,
las dagas y los puñales,
donde corrían gotas rojas hechiceras,
de setenta y tres pétalos
que la dulzura perdieron.
¿Qué fue de ustedes, de su alegría y su picardía?
¿Dónde se han ido todos esos sus luceros?
¿Por qué se ocultan en la amargura?
Salgan del profundo Mar de Plata.
¡Deslumbren con sus danzares gitanescos!
Que la Llena Esfera cubra
con su rocío sereno
sus débiles y maltratados cuerpos.
Sean fénix, alcen vuelo,
revivan ese noble corazón
que un día tuvieron y siguen teniendo.
Que el centenario recuerdo se esfume
y se lleve sus amargos momentos.
Setenta y tres,
Setenta y tres dulces pétalos,
destierren el amargo sentimiento
que como hierba mala sembró
todo su veneno.
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