¡ Vida !
Somos a través del camino que se interpone como alusión fantasmagórica.
La avalancha del intrépido cortometraje de la vida, va rodando una y otra vez.
Se gasta el tenue color de ojos y nos vuelca a la ceguedad de los instintos vitales y predilectos.
Vislumbramos un fin inmaculado de esos de película, y ahogados en deudas y crisis nerviosas, explotamos a la voz de la bota rescabrajada.
Se funda el alma con la calle, con el trafico, con el albor infartal del calor y de la pesadumbre.
La mano no se priva ya de bailar, de divagar, de encontrar la libertad en cada milimétrica mancha de tinta y de explorar el laberinto sin fin, de las geometrías impresas. De ser con cada palabra y en cada entonación de ellas.
La historia nos remonta a la mentira, el deber de vivir superó el gusto en su esencia, en su plácida pureza en su más vasto reino de grandeza.
La ciencia, la fe y la supuesta inteligencia, no arañan para nada el arte del sol y la naturaleza. Somos despojados al reino de lo infinito, a la mente de los mil laberintos, al mundo del imperio de la libertad.
En silencio, calmados e inmaculados, no arrullamos con la vida y en la mejestuosidad de su ser.
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