Poema a mi amada mujer
Tu que entregas mucho, sin pedir nada.
Tu que haces de mis horas frías, calidas jornadas.
Tu que conviertes en risas, mis lágrimas.
Tu que eres una rosa blanca
Florecida en el jardín de mi alma.
Tu que lo dices todo con la mirada,
Y que abrigas mi fé, con manto de esperanza.
Tu eres esa mujer de mis sueños de infancia,
La que solo existía en mis plegarias,
Tu, la que me lleva al paraíso cuando me abrazas,
La que con sus besos enciende mi alma apasionada.
Tu eres de mis joyas, la más preciada,
La que me inspira y me encanta.
Tu que conoces todos mis secretos
Y que hace vivos mis versos;
Tu eres la mujer de mis pensamientos,
La más dulce metáfora de mis sentimientos.
Tu eres mi mujer, la que destila fuego y miel,
La que me enternece, y a la vez, me hace enloquecer.
Tu tienes la belleza de un otoñal atardecer,
La pureza de un niño, y sensualidad de mujer.
Eso eres tu, mi amada mujer.
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