¡Oh, Astrid!
Era una tarde calurosa.
La primera impresión que diste a conocer.
¡Oh, Astrid!
El mensaje de dos palabras.
Aquella actitud que te distinguía.
Cómo saber en qué estado andabas,
si, siempre fingiendo estabas.
Recuerdo que te veías como un diente de león.
¿Por qué?
¿Cómo te iba a reconocer?
Si era la primera vez que te iba a conocer
Totalmente equivocado estaba.
Cruzando avenidas llenas de personas,
hasta llegar a aquel lugar.
Algo inesperado me esperaba.
Ella sonriendo estaba.
Se hallaba tocando sus mejillas.
¡Oh, Astrid!
Tú cómo ibas a saber de lo que yo pensaba.
Tener dieciséis deseaba,
y caminar junto a ti ya estaba.
(Mi mente ya no pensaba…)
Todo lo contrario mostraste.
Una o dos palabras mandabas.
Un conjunto de mentiras serian.
¿Habrá sido cierto?
¿Cómo iba a saberlo?
Platicar era la única forma.
¡Oh, Astrid!
Nunca cambiaste de ser.
Un sueño habría sido,
y he aquí un dolor se presenciaba.
Como luna y sol.
Como líneas al cruzar.
Jamás se encontraran.
Solo una vez se cruzaran,
y nunca mas volverán.
Conoce más del autor de "¡Oh, Astrid!"