MARÍA LUISA DE AUSTRIA
¡Oh, de la reina la mueca incitante
y arrolladora!... ¡Oh, la lasciva
mirada de frenética bacante
en su rostro de rosa sensitiva!...
¡Oh, sus manos que preludian lujuria
de tal modo; audaz y escandalosa!
¡Ah, la mirada de satiresa espuria!
Pierde su don la balsámica rosa.
S
retoños de sensual adolescente...
Tal se interna por los ásperos pastos
en do es reina la mísera serpiente.
Lejos el parque real. El faisán medra,
el cisne interroga. La Reina fatua
y oronda ve desde el banco de piedra
un Pan en gris devenido en estatua.
Se desvanece tendida en las matas.
Está indefensa nuestra Diana inerme.
Ascendió del ensueño las escalinatas.
María Luisa se duerme.
****
Y sueña que trueca su regio vestido
por un tul de peplo y lindas sandalias,
y tras las frondas el genio escondido
viene a ofrendarle su ramo de dalias.
¡Y de pronto se turba y horripila
y prentende exclamar como una loca!:
que al abrir de repente una pupila
¡sintió al fauno acercársele a su boca!...
D. R.
Conoce más del autor de "MARÍA LUISA DE AUSTRIA"