LOBO HOMBRE
Una noche el lobo pretendía pasarse de listo en medio de las inmensas olas de nubes que se creaban después de un atardecer rosado. Entonces la vida en rosa, vinieron a la dama vestidos con muchas flores y dejó de ver todo en oscuridad, el prisma de su mundo volvió a iluminar la gran mansión y el hombre lobo la esperaba sentado en ese viejo sofá enfrente del ropero donde tendía los antiguos sombreros de los viajes a los que acostumbraba a hacer. Pero la noche en que la conoció empezó a murmurar su nombre en los sueños que lo despertaban para iniciar el día, sin embargo, había sido un solitario lobo que veía el mundo a través de su ventana, todos sus amigos habían seguido con sus vidas mientras que él se alegraba con los demás animales que convivían en su mansión.
El mundo de las ideas lo perturbaba cada vez que pensaba en aquella dama que le había robado su corazón, por su parte nadie detenía en su andar aquella mujercita que se robaba el aliento de quien la observara, parecía fluir de ella, ríos de energía y acompañada de sus ojos que contrastaban con el sol y orbitaba en ella la sustancia que detenía miradas, incluso los ancianos querían oírla hablar de sus vivencias y se había acostumbrado a la vida en ese bosque que le recordaba toda su huida por el mundo. Saludaba a los bambúes al despertar, oía el relato de los pájaros por su paso en los aires y las águilas emprendían su caza cuando ella se preparaba para la cosecha.
El lobo hombre repasaba sus cabellos oscuros, las lágrimas que brotaban cuando el amor nacía de lo imposible, pero pensaba en cómo iban a ser sus hijos en cuanto aquella conquistara.
Las tardes se siguieron haciendo eternas y ellos aún no se reunían pues habían acordado mantener en sus fortalezas a causa de la estruendosa guerra.
Posdata: recordatorio de que te seguiré amando como en las historias más terribles de la humanidad.
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