Lágrimas Adolescentes
Bueno… aquí la tienes. Mírala, obsérvala y analízala. Un poco rota, bastante despeinada y con sobredosis de cafeína. Se pasea por su habitación, ignora el espejo y se tumba en su cama. Sí, una y otra vez, como si de eso su vida dependiera. Revisa su celular con esperanza cada vez que un mensaje llega, pero sus ojos se llenan de decepción al ver que no ha recibido nada interesante. Nada que la emocione realmente. Por eso busca en YouTube canciones que hablan de amores no correspondidos, de tristezas y dolores callados, de gritos susurrados. Se pone sus audífonos y sube el volumen lo máximo posible, y se olvida del mundo al menos por un rato, un rato que le gustaría extender a lo infinito. Empieza a tararear la melodía de las canciones que ya casi se sabe, de tanto haberlas escuchado. Y se empieza a dormir. Son las cinco de la tarde, ni hora para hacer la siesta ni hora para dormir hasta la mañana siguiente, pero ella lo hace porque no encuentra nada mejor que hacer. Dormir. Le gusta dormir porque es como morir por un ratito, por algunos minutos o a veces incluso horas. Y sus días se resumen a aquello. A veces sus amigas logran sacarla de ese pequeño mundo en el que se está quedando encerrada, y la hacen reír y olvidarlo todo por algunos momentos. Pero cuando el alcohol y las drogas se disipan y el efecto que causan en ella se va alejando, todo vuelve a ser atrozmente normal, doloroso. Se encierra en el baño de su casa y se mira al espejo, aquel artefacto que tanto lucha por ignorar. Pero resulta que a veces no puede, no logra hacerse contra la necesidad de observar su reflejo. Y ahí está ella. Y es hermosa. Cada parte de ella es maravillosa. Pero ella está ciega, ella no puede verlo. Y resulta que lo que ella ve es a una chica completamente derrotada. Derrotada por la vida, por el amor, por ella misma. Por el tiempo, el mundo y el rechazo. Derrotada por una sociedad que la asfixia y la hace sentirse inferior al resto del mundo. Y aunque todo el día haya intentado ser fuerte y no llorar, las lágrimas empiezan a inundar el baño. Sí, ella ha empezado a sacar todo ese dolor que siente por los ojos, una acción que se le ha vuelto una costumbre los últimos meses. Se encierra en su baño, se observa rota al espejo y empieza a llorar secretamente. Sin ruido, sin gemidos o sollozos, simplemente cae agua de sus ojos cada vez más rápido, y a veces resulta difícil hacerla parar. Pero siempre lo logra. Logra dejar de llorar, porque sabe que necesita ser fuerte, aunque a veces cueste tanto. Se mira y piensa que nada podría doler más que aquello, más que todo eso por lo que está pasando. Todo ese dolor que está experimentando. Y empieza a cortar sus muñecas, algo que ha empezado a hacer hace poco pero que se ha vuelto una droga para ella. Le daba cierta satisfacción, le causaba cierta gracia darse cuenta de que el dolor que eso le provocaba era casi nulo, se reducía casi a cero. Porque ella está acostumbrada a más. Se venda los brazos y espera a que cicatrizaran sus heridas, de todos modos nadie lo notaba nunca. Después vuelve a encerrarse en su cuarto, come algunas sobras de una pizza de hace dos días y vuelve a escuchar música mientras lee. Leer también le gusta, le permite escapar. Huir a tierras en las que los problemas se solucionaban casi siempre, en las que todo era más divertido. Pero sus libros no son eternos, su música no dura para siempre, y todo siempre vuelve a ser horrible tarde o temprano. Sí… todo vuelve a ser normal. Bueno… ahí la tienes. Una sobreviviente. No se ha dejado aplastar por la sociedad, pero créeme, está pudiendo con ella. Todos los prejuicios, todas las reglas y todas las modas la están acabando. Tiene amigas tan perdidas como ella, y está enamorada de un mensaje que jamás llegará. Y así te la presento, tal y como es, tal y como se siente. Completamente rota por dentro, a punto de colapsar. ¿Acaso la conoces? ¿Acaso la has visto deambular por algún pasillo, por alguna calle? ¿Tal vez es más cercana a ti de lo que te imaginas? Está buscando a alguien que la salve, a alguien que la haga salir de ese pozo al que se ha metido. Así que dime, ¿Por qué no has hecho nada? ¿Por qué la sigues mirando sin inmutarte, si en ella hay una pequeña grieta abierta que demuestra que se está hundiendo? Que dentro suyo está muriendo...
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