Juventud
Se que partirás un día
dejando en mi ser
tan solo tus huellas
estampadas en mi rostro;
obras de arte
del caprichoso tiempo.
Se que lejos no está el mañana
cuando nos despediremos
para siempre
yo te amaré en mis recuerdos,
tu cubrirás de plata
mis ahora negros cabellos.
Pero se también que nunca,
aunque pase y pase el tiempo
te olvidará mi mente,
porque fuiste seguramente
juventud, mi gran tesoro.
Entonces te daré las gracias
por tantas y tantas cosas
que junto a ti disfruté,
gracias por los años tiernos
donde mis pies mojé
en la charca de algún sueño.
Gracias por los días aquellos
donde me vestí de travesura
y partí a la batalla
con mi ejército de entes
tan iguales o peores que yo;
así me gané mil regaños.
Gracias amiga mía,
por las horas de la adolescencia,
cuando de la escuela de la rebeldía
me gradué con honores.
Gracias pues por los amores
con los que fui tan felíz,
aunque algunas veces
ellas nunca lo supieron.
Siempre recordaré todo aquello,
a veces con sonrisas
y a veces hasta con lagrimas.
Pero te diré una cosa,
aunque para siempre te marches
y aunque queden solo arrugas
en mi cuerpo cansado,
habrá siempre en mi ser
algo que tu partida
no podrá afectar.
Pues a pesar de que el tiempo
me alcance inevitable,
y el cementerio de los días
esté repleto de cadaveres inertes,
ten juventud por seguro
que mi corazón seguirá siempre febril,
en perpétua mocedad.
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