Enésima reivindicación del ojo del culo.
Sé que me dirán,
que soy monotemático,
más mono que temático,
y me reprocharán,
al evocar el ojo del culo,
con respeto y sin disimulo.
¡Y es que muy poca justicia
tiene su labor depurativa!,
tanto que sin él no existe vida,
ni de las letrinas, que son superiores,
a todo retrete por ser indoloro,
al pujar en ellas de cuclillas,
y dejar al ósculo en relax,
bien abierto al fondo y vaciar barriga,
sin temor a bolos, ni se diga.
Y es que reivindico al asterisco,
que a veces se porta muy arisco,
¿no es acaso amargo sufrimiento
la tortura abyecta del estreñimiento?
Y cuando vaciamos vientres duros,
escapa con júbilo el cicote,
y nos olvidamos del embote
y de días aciagos y nocturnos.
Todo lo debemos al ojo del culo,
muy mal ponderado por la historia,
y esto no es engaño ni es un bulo,
sino el homenaje a su memoria.
Del sur y el final de la agonía,
del placer culposo que hoy celebro,
porque uso del verso y del cerebro
para este ciclópeo ser en su bravía.
¡Bailen mentecatos y sabios doctores!,
¡Rían mercenarios y santos bribones!,
para homenajear a nuestro ano,
mucho más real que todo arcano.
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