Desgracias
Que desgracia resultó el apuro. Soltamos al miedo para que ladre como un perro guardián. Lo que crecía, lo desdibujamos, por justificar lo que no salió en las vidas anteriores. Lo que crecía, que dé un paso atrás, para que no se crea nada de lo que se dijo. En el fragor vale la actuación. El estigma sobre un resbalón (¿?), prima por sobre todos los minutos que se compartieron.
Que desgracia resultó el apuro. Soltamos al miedo… mejor morder cicatrices que decidir acariciar el desafío de ser actores de lo bueno. Nos encanta dudar del fuego, y quejarnos después del frío que nos gana con el individualismo inoportuno. Así, en estos términos, uno se convierte en humo inevitable, en mueca graciosa que se va vistiendo de lo mismo que reniega.
Que desgracia resultó el apuro, soltamos al miedo… que queda? Las risas de una huida elegante, acompañadas por la escenografía de una confusión redentora. Para cuando llegue la cuenta, no queda nadie… porque la libido de todos los colores, sobra entre las calles y las luces. Lo que no sobra, es jugarse por el candor de compartir, para dejar de victimizarse.
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