Cuando vuelvas…
Cuando vuelvas te diré que no, pero
te abriré mis brazos y las puertas de
mi alma y de mi pecho.
Mil veces te diré que no… y te irás
con el sol y volverás con la luna;
y te arroparé como a un niño chico,
con el faldón de mi angustia, con el
calor de mi lecho…
L
y te agarrarás con fuerza a mi cuello,
y te adherirás como brea negra
a mis frunces…, a los pliegues de mis venas,
al basal partido de mis cimientos…
¡Te repudiaré… ¡tenlo por seguro…!
… Y te maldeciré con ira y rabia…,
hasta que se oculte el sol y vuelvas
con la luna y seques mis labios y
empapes de sudor mi cuerpo…, hasta
quedarnos tristes y solos, -temblado
entre las sombras los dos-, como tiemblan
las luces y el aire del desierto.
Cuando vuelvas te diré que no, pero
te abriré mis brazos, -las estancias de
de mi alma, de mi mente y de mi pecho-,
para que siembres en mí tus dudas y
me llenes de incertezas…., de tu angustia
y tu temor más grandes: de tus besos
tan fríos ¡soledad…!
¡De tu infinita e inescrutable tristeza!
Autor: Francisco López Delgado.
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