Castillos en el aire
Tú ya has llegado al punto
en que te alzas,
con tu alucinada justicia,
sabes que debes
señalarme con el dedo
y acusarme sin dilaciones
de ser así,
un febril y terco sujeto
encasillado en mis errores,
escogiendo uno de ellos
de mis defectos cubra todo
lo demás,
despojado de virtudes,
y que soy absoluto
dechado de maldades,
un sexópata monotemático
empedernido
y aburrido.
Todo lo demás que brilla
en mi cobertura de alma
no interesa, solo importa
el reflejo de quien soy…
pero en tu propio espejo.
Yo soy solamente una pequeña
colorida y silenciosa roca,
y tú
imaginas que soy una montaña
de mil colores y texturas,
y todas esas cosas
no son más que los castillos
que armas en el aire
en torno a mi simpleza.
Cuando abras los ojos
y por fin veas lo que realmente
soy,
no me culpes si tu corazón
empieza a odiarme,
no te extrañe si tu alma
empieza a olvidarme.
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