AUSENCIAS
Mi ser es un árbol cuajado de ausencias.
Una vida sin destino,
de futuro huido e incierto
que el tiempo ha ido dejando desnudo.
He tenido que aprender
a vivir sin el brillo de los zafiros,
sin el reflejo profundo de los mares,
sin la caricia nueva,
sin la suave brisa preñada de perfume.
entre penachos de oro,
a no esperar a la rosa en su primavera,
a no irme con las brisas
por el mundo de los enamorados,
a olvidarme de la luna,
a no sentir su bamboleo,
a no ser potro desbocado por el deseo,
a no cabalgar potra de nácar,
a olvidarme de las redondas montañas,
a no profundizar en las simas,
a no descansar en la pradera,
a no ser yo, a ser la ausencia misma.
Sin embargo, mi alma, cuanto más vacía se queda,
más llena se siente de ausencias.
Se conforta en ellas,
las ensueña, las recrea
para hacerlas más próximas, más suyas.
Juega con ellas como un chiquillo
lo hace con sus juguetes para luego de haberlos hecho suyos,
dejarlos aparcados,
que no olvidados,
y volver de nuevo, otro día,
en otro instante,
a recrear nuevos juegos,
nuevas fantasías.
He aprendido a cargarme
con la pesada carga
de las ausencias.
Me he fortalecido con ellas. Cada día me aporta más y más,
el generoso regalo de su recuerdo.
Yo, las engrandezco,
las elevo a lo infinito,
las vivo todas al unísono,
y hago de ellas una sola ausencia,
plena y completa: La tuya.
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