UNA AFILADA AGUJA
Una afilada aguja, una mala sombra,
parecida a un párpado que cuelga,
sepultó mi osada epifanía bajo un
infierno de abigarrados laberintos.
Cada instante me dolía
como un saliva gris
caída desde el cielo.
En mi paladar se asentaba el deseo
En mi respiración, intensa,
vibraba un inquieto cosquilleo.
Con densas nubes de polvo
mis ansias se atragantaban.
Un fino presentimiento,
una insólita intuición
de estar despierto y no poder contarlo,
de que mi lengua no encontrara su lugar
desorientada por insólitas manifestaciones,
perdida en la levedad de sus propósitos,
hicieron que mis pensamientos
hirvieran con inusitado ardor.
Ríos de sangre corrían por mi pecho,
en una loca efervescencia, alejándome
del traicionero barrizal,
de los movedizos humedales…
Desde el fondo de mi corazón
incontenibles emociones surgieron.
Un extraño vértigo,
al fogonazo de impacientes mordiscos,
dio vida a mis palabras que dormían
en azarosos cenagales.
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