Tierra abatida
Andaba perplejo por los arrebatos
que sufrían mis ojos,
en los periplos que tenía
que soportar para sentarme
frente a una copa de vino
sin sentir que el mundo temblaba
bajo la sombra de mis pies.
Si algún Dios al bajar de un cielo
lograría afrontar vivir
de eso que en el orden simbólico
nos dieron a conocer como pecado.
Si la lengua pálida y la piel bordó,
en un mundo sin contemplaciones
que produce aciago al solo caminar,
podrían aguantar la tempestad
de un fuego eviterno
que de tanatología sabe más
que de quemar.
¿Por qué la lucha contra otra deidad
la tiene que arrostrar
el ser desposeído de poderes sobrenaturales?
¿Por qué enfrentarse al mal
es cuestión de padecer sin saber para qué,
mientras en otro supuesto lugar
solo existe el arte de mirar y no de actuar?
Tierra abatida de figuras lánguidas,
con más temor de hacer que de ser,
limitados, siempre limitados
a creer en el futuro que quizás nunca es.
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