Srta. Promiscua
Lleva en la espalda escrito "soltera" y por delante exhibe las vías que recorrería cualquier seductor. Se sienta de piernas cruzadas en un área reservada frente al mini bar, enciende miradas calientes pues de recatada no tiene nada. Sus labios rojos selva son un desafío para el que se atreva a acercarse a la dama que espera entusiasta a un buen jugador. Y su baile sensual pide a gritos una noche de pasión pero sus ojos exigen más que sexo, suplican amor. Ella anda de cacería y sabe cómo hacerle creer al hombre que él es el cazador. Y el que cumpla sus vagas exigencias tiene las puertas abiertas al éxtasis que dura muy poco, pues entre las reglas está desaparecer antes del amanecer. Después de tanto alboroto el resultado sigue siendo igual, el vacío que queda en su alma exige palabras de amor, suplica a alguien a su lado que cuide y proteja a su corazón. Los gemidos no llenan ni un poco los huecos del alma, los tragos y las pastillitas pasan su efecto a contra reloj, y sus ojos se siguen aguando al verse al espejo, la niña que fue ayer despreciaría a la mujer que es hoy.
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