Sobre la deshumanización de las ciudades
Should say: “That is not what I meant at all”
The love Song of Alfred Prufrock
T. S. Eliot
Yo no sé la losa. Desconozco la losa lisa
en la que bailan oscuras letras, cual sirenas.
Setecientas mil cruces hay sobre otros tantos muertos
y ahora no recuerdo si el libro de Herzog
habla de las necrópolis etruscas de Tarquinia.
y lo enterraron pese a sus gritos de protesta.
Desconozco lo que Lady Jane y sir John Thomas
pueden hacer si están a solas, míster Lawrence,
pero se descuelgan al viento muslos como mimbres
y horarios péndulos son los penes prepotentes.
Orad, hermanos, por la tierra maldita.
Hoy me entretuve en saber que Keyserling
no era fascista del todo. Tampoco filósofo.
Según me enteré ni siquiera era serio.
He aquí la semiesférica rodilla, trópico lunar
con cicatrices meteóricas, poros que se ofrecen
cual presuntos mártires de una tibia epidermis.
Compartir piojos y desterrar el crimen -decía Weiss-
es algo más en torno a la locura o su habitáculo.
Voy a la terraza a suicidarme o a ver
las pequeñas nubes blancas que la luna loca atraviesa.
Reitero el verso 97 de Alfred Prufock,
mientras me decido a estrellarme en el asfalto.
Son ásperos el hollejo y la piel de la trucha y la uva
y desarrollado el pubis de las mujeres poliándricas,
suaves los pechos que las jóvenes kazajos
ofrecen a los jinetes que galopan la llanura.
Manalatar, la ciega de cara negra, parió nueve hijos
que el imperio de su abuelo Tuoni aumentaron.
Hace mucho que no nos sentamos a fumar y a hablar,
Sabiendo que esta sociedad degenera tan deprisa.
Nadie quiere ocupar la silla de enea que nos sobra
porque a nadie la sobra tiempo para nada
y todo va tan rápido que se bambolea y nos aplasta
contra el editorial o los deportes cuando frena.
("Ordalías del nuevo ciudadano")
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