Poema en Prosa

2025 Feb 18
Poema Escrito por
Trinidad Catalan

Voy a escribir y dejar que las palabras se alarguen,
se alaaaaargueeeen con muchas vocales y pocas consonantes.
Pasaré el umbral de esas puertas tantas veces como me dé la gana.

He de masticar la manzana o el champiñón
más veces que un monje budista.
Y si el agua me da arcadas,
habré de saborear aún más, mucho más,
las palabras que se alargan,
como esta alfooooonbraaaa.

L

as ciudades estarán más pobladas
por la longitud de las palabras.
En la sobremesa, alguien recogerá los platos
y dejará caer un cuchillo con tal estruendo
que el niño y el perro se despertarán al mismo tiempo.
Caerán en un soponcio tan profundo
que solo despertarán a medianoche.

El calor también crecerá y se alargará,
refinando sus costuras.
Cuando las gotas de sudor
chorreen por mi frente y a lo largo de mis mejillas,
será el momento de pasar mis dedos
sobre mis labios, acariciándolos,
y dejar caer en la pecera
unos diminutos gránulos de alimento.

La puerta del jardín estará cerrada,
y el único árbol que se alzará
no dejará de crecer ni de devorar toda visibilidad.
El sol ya no se acercará.
Saldré a respirar y me sentaré junto a la valla.
Mi sudor se endulzará,
así, sin más ni más.

Mi nombre también se alargará: Triniiiiiiiii.
Ya lo había oído estirarse en mi infancia
y alguna vez al teléfono.
No escribiré más poesía.
Solo me interesarán las palabras que se alargan,
como menopausiiiiiaaaa o latidoooooos.

Habré de sumarme a los que detestan el surrealismo,
porque son borboteos de hambre,
y mi frigorífico aún contiene viandas.

Llegará un momento en que os hablaré
de las torrijas de mi madre,
bandejas a rebosar de azúcar y azafrán.
Las podré ver en mi imaginación,
y mis dedos se humedecerán de gustito.

Cuando suba las escaleras corriendo,
veré la palabra escrita en la pared del descansillo:
**"cerdas"**.
Sabré entonces que un pederasta
que abusa de niñas y las lleva en bicicleta
cree poder tocar sus vaginas
y arrancar placer del miedo.

Pero, aun así, cantaré una canción
durante la siesta en los tórridos veranos de Madrid.
El abuelito de la puerta de enfrente
nos regalará caramelos,
como una sombra sin lengua.

Qué odiosas eran las tardes
en las que el sueño no nos vencía
y el calor se nos pegaba.
Hemos de abrir una ventana
y dejar que por la noche entre la fresca,
que los árboles se resbalen por la ladera,
que las hojas se crucen unas con otras
y suenen contra los chopos.

Mis manos estarán cubiertas de un color amarillo.
Serán las mariquitas que guardaré en mi puño
y dejaré escapar.

El algarrobo nos mentirá,
prometiendo todo tipo de joyas hechas de semillas.
La mirada de mi madre se enturbiará,
y escucharé a mi padre en la ducha.
Observaré cómo ella registra sus bolsillos.
Y aunque me parezca una maniobra curiosa,
no entenderé lo que se esconde en un bolsillo vacío.
Tal vez algunas monedas,
¿un billete de mil pesetas?

Iremos al cine Astoria
a ver un programa doble,
con una botella de gaseosa,
bocadillos y pasteles.
El estruendo de la merienda
y el sinsentido de *2001: Odisea del espacio*.

¿Se podrá envejecer en una cápsula espacial,
vivir sin hablar
y amanecer en una cama descomunal,
con el pelo blanco y arrugas de grillo?

Los bocaditos de nata
se desharán en la boca,
y nada será más tierno y querido
que el sonido de una botella de gaseosa al abrirse
y el envoltorio de los pasteles
interrumpiendo *El Danubio Azul*.

Las luces se apagarán,
será el momento de entender
el significado del cine.
Se encenderán los cigarrillos de las adolescentes,
y el acomodador, que nos recibirá con atención,
nos mostrará la puerta,
rotunda y adversa.

Mi abuela ha de vender sus churros y porras
en la esquina de la calle Caramuel,
al lado de la panadería.
Andará calle abajo con su cesta
y su delantal blanco.

Su puesto la estará esperando,
su urna de cristal,
donde las porras y los churros
se mantendrán calientes.

Con juncos atravesará la crujiente masa,
y con un nudo, los vecinos llegarán
a casa con el desayuno en las mañanas
de invierno.

El aceite de las porras bañará
los dedos de mi abuela, color aceituna
y pan negro.

Sin haber asistido a una escuela,
marcará sus cuentas con su tabla de conteo,
y sus monedas de cambio, embadurnadas
en aceite, parecerán oro.

—¡Hasta mañana, señora Ana!

2025 Feb 18

Trinidad Catalan
Desde 2016 Oct 29

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