Manías
No hicieron más que caer los kilómetros,
ante el ansia de perfumar mis ojos con su piel;
luego, no encontré en ningún reloj
los minutos que soñé juntos.
Y sabía bien de mis manías,
como sabe el mar de los castillos de arena,
como sabe el gusano de seda, de las penas.
Me acostumbré a caminar así, condenándome,
mientras coleccionaba con fervor cualquier baratija
No hicieron más que caer los kilómetros,
ante el ansia de perfumar mis ojos con su piel;
luego, no encontré en ningún reloj
los minutos que soñé juntos.
Y aprendí a extráñarla sin su ayuda.
Por eso cada noche, incluso esta noche,
es un barco que nació naufrago,
como un juez sin acusado,
como un “ !hasta pronto! ” desahuciado.
Y ella sabe, a medias, de mis manías.
No hicieron más que caer los kilómetros,
ante el ansia de perfumar mis ojos con su piel;
luego, no encontré en ningún reloj
los minutos que soñé juntos.
Mientras mis pecados invocan a los diluvios,
yo juego a fabricar artificiales segundos;
en donde la distancia pareciera derrumbarse de verdad,
en donde las palabras que tanto quiero escuchar ¡son dichas! ,
en donde mis ojos sí la ven, y mis brazos la abrigan.
Pero ella no sabe nada de mis manías…
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