Los Besos Arrastrados
Los Besos Arrastrados
Lo he asesinado lentamente. Me he tomado mi tiempo, atándolo a una tubería, mientras me golpeaba. Le clavé abejas en su cuerpo, lo que provoco: asma, taquicardia, cianosis y pérdida de conciencia. Diseccionándolo lentamente, extremidad a extremidad, difícil me ha sido mostrarle que si hubiera mostrado cambios por su parte, podría haber sido mi espacio, mi rey. Pero ya da igual, porque mis manos jugaban con su cuerpo, y en su mundo. Existí brevemente mientras lo laceraba. También existió él, en mi mundo, como un edén infinito, de flora y fauna nauseabundas. Supongo que la incomprensión era mutua, aunque entendía todo y a la vez nada. Ya nunca sabrá cuanto lo quise y desee; ni siquiera podrá volver a escucharlo, aunque se lo dije mientras le partía las rodillas. Sus gritos eran tan altos, que solo se escuchó mi frialdad al despojarlo de sus sentidos. Esos con los que nunca escuchó, ¿para qué tenerlos en el cuerpo? Era una pérdida de tiempo. Al final terminé envolviéndolo en sábanas; como signo de, en cada sitio de su cara, sobre la tela, dibuje cruces negras, simbolizando su reconocimiento, como castigo de sus actos. Ahora, habrá tenido que pedirles ayuda a los insectos; no los escucho, pero los siento en mis sueños, cargando sus labios, al costado de mi rostro, acurrucándolos bajo mi manta, sus labios y su sangre, la bebo. Despertándome por el goteo de su sangre contra el suelo. Pude admirar su fantasma sobre mi cama, perforándome letalmente, con el canto hiriente de la tubería. Mientras yo aún soñaba en los insectos, que me entregaban sus caricias. Y al separar el alma de mi cuerpo, descendí a las recónditas y oscuras tinieblas. Porque cada trozo de mi paranoia circulaba a ocho patas, entre las pequeñas tenazas, de aquellos diminutos seres, portando mi condena, tanto dentro, como fuera de mi sueño. Causando un agujero negro por el ansia de devorar sueños. Materializándose en la realidad como una oscuridad permanente, porque mientras no se extinga la humanidad, habrá cuerpos que devorar; y pesadillas que contagiar.
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