Les regalo mi vida.

Qué dolor es amarte.
Qué dolor es odiarme.
Hundida en esta tribulación de superficialidad, mezclada con las complicaciones diarias, más mi amor por ti, crea esta bomba de opresión por la cual desearía morir.
Esta bomba que crece debajo de mi pecho con un temporizador que se retrasa cuando esta a punto de estallar.
Que se retrasa por ti.
Creando un climax hacia mi muerte todos los días pero realmente nunca hay algún final.
Solo pánico que me derrota, maltrata y enloquece, pero no me mata.
Y Oh Dios! Cuánto desearía morir. Porque es mejor morir que seguir viviendo sintiendo que me desvanesco, sin desvanecerme, de nuevo, para volver a sentir que me voy a despedazar. Regreso a mi retorno de depresión, confusión y desesperación. Vuelvo a ocupar el lugar de la victima, que nadie nota, que nadie ve. Pero que anhela su muerte, sin tener el valor de obtenerla por su propia cuenta. Ni para eso salí buena.
Temo, mi amor, temo irme de aquí. No por mí, si no por ti. ¿Te dañaría que terminara con mi propia vida?
Por eso paro. Pienso y me arrepiento. Pero también me detesto, por no arrebatarme la vida de una sola vez sin pensarlo dos veces, hacerlo tan rápido que no me pueda percatar de todas las cosas que dejaré inconclusas.
Tonterías.
Desperdiciar la juventud, muriendo. Para no ser joven, desperdiciando la vida.
No es justo.
No es justo.
No es justo.
Les regalo mi vida, es gratis, sin devoluciones. Es buena, es grata, solo necesita vivirla alguien que no se aferre a lo imposible, que no le importen las frivolidades, que sepa jugar a vivir.
Les aseguro que es una buena vida. Solo que quizá no merezco vivirla.
Se las regalo.
Es gratis.

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