La nube eterna
Fue la nube mas hermosa, fue la mas alta que vi. Tan blanca como la nieve, tan liviana iba en su andar... Flotaba libre en el cielo de un celeste celestial y fluía con el viento que la impulsaba a su hogar. Vaya uno a saber dónde, pues su hogar era ese andar.
En la vista me uní a ella y entre ella al levitar, a través de su silencio percibí la inmensidad.
Tan hermosa fue esa nube que por solo recordar casi que siento el momento que me fusionó en su andar, y entre todos los tormentos del cruel velo insustancial, otra vez, si es que aparece, vuelvo al cielo de su hogar.
Si logran ver con mis ojos esa nube sin igual los tormentos de sus mentes en mis ojos no estarán.
En mis ojos la belleza de esa nube pudo entrar, y en mi cuerpo, que ya etéreo pudo flotar en su andar, se metieron las frecuencias de esa nube sin igual.
Pero seguí navegando en su osado palpitar el océano de ese alma que la impulsaba a su hogar. No te ofendas si ese viento que la impulsaba a su andar busca adeptos de ese cielo que agoniza en tu crueldad. El destino es esa nube pero no dejás entrar el clamor de su silencio que trasciende hasta el peor mal.
Lo dulce encuentra lo agrio en este ostentoso mar donde reinan ilusiones que ignoran la realidad y a los vientos de esa mente cruenta y droide que adoptás lo inclemente de esos cielos se torna necesidad.
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