El retorno del emigrante
Dejé por ti los montes y mi querida aldea
en una noche triste de sementera gris,
con sólo una mochila y el corazón en ristre
vagué por las esquinas solito en la pelea
para salir airoso sin una cicatriz.
Volando silencioso por entre grandes mares,
mi parche de pirata, mi espada y mi sombrero,
sin mor al desconsuelo ni tiempo de estar triste
mandando en mi bagel y del mismo prisionero,
Bajo mil avatares con mi amiga la luna,
sin herida ninguna bregando de esta liz,
de sortilegios sufrí mil batallas enristre,
pasé de incomprendido para ser adaliz
de las causas perdidas luchando entre las dunas.
Y aunque un día me fuí, y aunque nadie me crea,
nunca olvidar conseguí el suelo que dejé
-si alquien piensa que miento, a mi que me registre-
pese a que agua desparramé, y mucho lo intenté
los sueños que allí dejé vuelven con la marea.
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