El pájaro enjaulado
¿Qué suprema y legal autoridad
a yerma y permanente soledad
en estrecha prisión te ha condenado?
Dime, ¿cuál fue el delito a ti imputado?
¿Fue si acaso que libre el albedrío,
lucieras a despecho del gentío?
¿O fue quizá tu cándida alegría
que robarte han querido con porfía
los que tenerte y oírte necesitan
Todos piensan que cantas de contento,
pero es de tus congojas el lamento.
El pan y el agua nunca te hacen falta,
de las luces del sol no te resguardan,
más la dulce presencia de la amada
y la vida en común con tu mesnada,
vedadas te son creatura alada,
muriendo un poco más cada jornada.
Inicuas barras son al fin y al cabo,
cuánto puede importar si de madera
o de cualquier frío metal dorado,
las que te cautivan de cruel manera
y pareciera que alas te han cortado,
aunque las dos las tengas muy enteras.
Solamente tenías como techo
el inmenso celeste abovedado;
por morada el espacio para ti hecho.
En cualquier rama de árbol te posabas,
retoños cobijabas en su lecho
y a volar soberanos los lanzabas.
Ahora, inesperado y fatal sino,
por la vana voluntad de algún mezquino,
la cara libertad te ha cercenado,
no pudiendo pensar el inconsciente
que vivir para siempre en ese estado,
es la contra natura del viviente.
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