El amor y sus colores
Con un amor,
todo lo que se conoce,
puede ser de otro color.
Hoy me he despertado temprano
para ir al trabajo.
Anteriormente,
era una hermosa mujer
la que me despertaba
Solía darme tres besos
en la mejilla.
Si me besaba dos veces,
no me levantaba de la cama,
si me besaba una vez,
ni siquiera abría los ojos.
¡Toma, un cuarto beso
para que no me olvides.
Vamos, levántate,
perezoso!
Me decía luego de besarme
por tercera vez.
Ahora mis mejillas
están frías,
intactas,
duras como el cemento,
y me toca ir a trabajar
sin ánimos.
En el autobús,
rumbo al trabajo,
veo aquellos sitios
que ella y yo frecuentábamos.
Allí está el bar en donde la conocí,
allí está la tienda de ropas.
Hay una muchacha con
una prenda similar
a la suya.
No,
a esta
no le queda bien.
Pasadas tres cuadras,
miro tras la ventana
nuevamente.
No sé si es una ilusión
o si es el sueño que cargo,
pero allí está ella,
mi antiguo amor.
¿Cómo se me pudo escapar
de las manos? Me pregunto.
Lleva un tapado negro.
Afuera hace frío
y el viento acaricia su pelo
y lo mueve de un lado
para el otro
de una forma casi poética.
Acaba de entrar en una cafetería.
Está sentada en una mesa
con un tipo apuesto.
El semáforo está en rojo
y observo detenidamente.
De repente,
el tipo que la acompaña
sonríe
y saca un anillo de su bolsillo.
Ella se emociona,
lo abraza
y asiente con la cabeza.
El semáforo finalmente
se pone en verde
y el autobús arranca.
Bueno,
hoy será un día complicado.
Pienso, mientras
me dirijo hacia mi destino
y observo tras la ventana
cómo cambia de color
el cielo, las calles
y todo lo que me rodea.
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