Compás
¡Qué tarde me has prestado
la mañana hambrienta!
la luz bebe de los pistilos enamorados
y la eterna primavera yace en un frasco
de media tarde, ¡algo ha salido mal!
La investidura de la noche está enganchada
en la silla principal, la hora toca puertas
en todos los pasillos.
¡Qué tarde me has prestado
El sol baja las persianas,
ruedan las sombras sobre el césped
cansado y tocado,
los llaveros se antojan de escarcha
traslúcida, en la mesa una historia muda
y una vela se olfatean, se desangran, se adolecen
como espejos imitando la banalidad,
el premio sobre éstas piedras aguarda
en tanto las cortinas se mantengan libres,
la hora toca puertas hasta el final.
¡Qué tarde me has prestado
la noche hambrienta!
de la oscuridad brotan luces
como granos de arena, la luna
está silenciosa en los besos prohibidos,
algunos usan las sombras en la espina
y el dolor danzarín del corazón se prueba,
si, ya pasó, en esos rieles se observa
quietud en el horizonte, la nada, las estrellas;
la vela se derritió y las historias cambiaron
de sitio, en los brazos del cansancio,
los pasajeros de éstas horas arriban
entre ranuras, bajo calzados, entre el misterio
de las tinieblas, la hora toca puertas hasta
la última estación…
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