Atardecer de lluvia en mis ojos.
Dicen que el amor lo espera todo, pues ya he pasado años enteros esperando de esa tierra prometida. Los pensamientos vagan por mi espina dorsal y terminan posándose en mi garganta como nudo intransitable.
He de suponer que en realidad vivo del amor, que sería mi esencia sin el recorrido de lo absurdo. Me acompañan notas musicales que, de cualquier modo, hacen compañía. Los árboles apaciguados luego del canto de la lluvia, tengo citas en la soledad para contarme quien era y presentarme nuevamente, los días pasan en lo armónico del caos y vuelvo a mis meditaciones diarias donde agradezco traer un mensaje, donde suele confundirse la traición con la hermandad y los amigos son cada vez más insensatos, pero agradezco por los míos cuando se debe.
Entonces del amor no debo esperar nada porque cada día el viento me recuerda lo amada que estoy, del amor aprendí el arte de la paciencia, aunque con tropezones y noches largas donde parecía acompañarme ese tímido sentimiento de incertidumbre. Amor, ¿dónde estás si a pesar de todo no escucho tu voz? ¿adónde van a parar esas emociones que dejamos al éxtasis cuando nos entregamos a lo carnal?
Cuando parezco buscar algo en el fondo, se asoman lagrimas inseguras rodando por las pupilas. No esta tu esencia cerca de la mía como acostumbrábamos, debo vaciar esas antiguas enseñanzas de los amantes que aman a medias tintas porque algún inesperado día hallaré lo impalpable sin importar qué.
Algunos días al mes me da por llorar, esos sentimientos de mujer, esa tristeza que se va acumulando hasta estallar en un vaivén. Pensamientos rodando por calles desconocidas, por callejones peligrosos y en lo onírico mis pertenencias haciendo de arquetipo.
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