Al que le duela
Te vendiste barato, hermano querido,
te sedujo el dinero y echaste al olvido,
las cosas que solo te brinda un amigo
y niegan los crueles desagradecidos.
Se puso de moda juzgar a la gente
por dar sin medir o por ser consecuente,
tal vez la mentira del inteligente,
convenza más fácil al tonto obsecuente.
N
que todos sonrían y levanten mis brazos,
pero si me revela el gesto tan bajo
de un amigo que olvida con vil desparpajo.
Ahora resulta que es bueno el que cuida
los bienes perdidos desde hace ya tiempo,
pagando limosnas a un perro faldero,
que ladra y no muerde, da risa y no miedo.
Qué cargo importante el de ser vigilante!
prestándose al juego de las carcajadas,
de un tipo que deja, instrucciones mediante,
que un necio acompañe para irse de farra.
De tanta injusticia me queda un consuelo,
saber ciertamente que nada te debo,
y no he de dejar de luchar con desvelo,
por las cosas que quise y que todavía quiero.
ROBERTO PEIRETTI
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