Agradeciendo los ojos
-Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhiiissst-
Cada cuatro del cuarto mes,
a la quinta hora, a la quinta vez,
se pierden todas las memorias,
se hacen locos los números sin aureolas,
cada cinco minutos un pedazo de cuerda
batiendo las cabezas de un ayer...
-Mira cretino-
D
cantando efímero,
como añeja es su alma de infante;
decía mientras sonreía,
decía mientras mostraba su faz marmoleada;
gritaba hinchado,
dirigiendo sus miradas
hacia el nieto apresurado
que no hilaba nada,
que padecía insecto,
feliz por la amasada...
-Oye cretino-
Rumiaba el vejete,
cargando cansado
un buen vaso de chicha,
tragando pausado,
penetrando en la manía,
en la vaina, en la ironía,
rajando el madero
de su lenta vida en agonía gozosa,
mirando contrito,
la tierna cara del imberbe insolente...
-¿Si, abuelo?-
Contestaba el impuro infante,
desmayando su ignorancia
en el mar de la noche,
en la apretujada guerra de sus greñas amaestradas,
perdido, inculto, partido, sin calor, ya sin sus uñas...
-Cállate cretino, solo oye el bullicio de la vida,
oye sin tejer nada,
sin coger la cuerda;
oye y mira,
disfruta la estampa,
y retén en la memoria todo el rollo de esta existencia,
toda la miel de la costumbre
adobando el estricto y sonoro sistema,
de la abultada paz que nos intentan vender,
a un precio irrisorio,
ridículamente caro,
inimaginablemente inalcanzable,
y... Ahora ríe,
ríe y come lo poco que nos queda;
come cretino,
tu mamá nos espera...
Para Septentrión, el de ahora, el loco.
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