Abrazo sideral.
La lluvia condensó todos los pensamientos que se venían creando como un hilo a través de la vida, como recordatorio que el buen tiempo estaba cerca, a unos pies de éxito.
En mi reloj de arena, seguía desvaneciéndose aquellos anhelos que de jóvenes nos hacemos con los amigos, creando cimientos donde el amor brota de los árboles y las personas lloran, soltando todo aquello que les permita avanzar. El tiempo y yo nos hicimos buenos amigos, incluso en las madrugadas frías y en los días donde el clima es más intolerable.
Vengo con sonrisas para los días en que la calma se halla lejana como valles azules y montañas tapadas con el sol de medio día. Soy un sistema armado de amor propio como vasallo y de experiencias que a menudo parecen maravillarme por su rareza.
Moviendo fichas por doquiera, avanzando y retrocediendo en este camino de semillas y espinas. Al final del día Dios me aguarda en sus cariñosos abrazos siderales y al día siguiente me arma de más fortaleza para salir al mundo con mi armadura de humana, con el único propósito de seguir amando.
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