un arbol caido

Cuando el árbol se cayó
rendido,
y siguió floreciendo en una carretera
larga,
hecha con manos pesadas,
y maquinaria desnuda.
Se me ocurrió oír al mirlo
cantar,
en una rama, tejiendo su trama
de silbidos y sabores.
perder el equilibrio, y con un paso
falso caer fulminado sin poderse
levantar? ¿Es su mero pasar,
aguardar, tantear sin dar fruto
lo que le ha hecho descalabrar?
Y aunque ningún mal sean suyos
nos guarecemos en el árbol o
en canto del mirlo.
Si se cayó por la tormenta
o sus raíces poco profundas
no supieron remediar
una lluvia torrencial
o la arcilla de su suelo
han aguado su sendero
ablandando su sentir.
Veo sus hojas crecer
como una melena que se
esparce en un pecho cálido de
alquitrán.
Sus hojas revolotean
incapaces de volar como pájaros clavados,
como peces de cristal,
se estremece, y hace de su tronco
vereda, lugar para saltos
y piruetas
árbol torcido, maltrecho,
se curva por el medio,
aguilucho, jorobado
sin torre, malparado,
atado de pies y manos
Que no tiene más
conciencia que la
de su propio exterminio.

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