Todo lo que amo
Amo observar el ocaso
con su belleza sublime;
amo a la dama y su abrazo,
aunque a veces me lastime.
Amo el canto del ruiseñor
cuando mi Dios amanece,
cuando la noche fenece
con su tiniebla y temor.
A
cuando sonríe y no llora,
amo disfrutar las horas
cuando mi cielo no es gris.
Amo las bellas letras
cuando me hablan de ternura,
y aún cuando en la amargura
se haya inspirado el poeta.
Amo la nube negra
solo si su sombra me abriga,
cuando el sol mi ser fatiga
y mis fuerzas desintegra.
Amo los labios sinceros,
si se expresan con franqueza,
amo al niño y su pureza,
amo los buenos senderos.
Amo encontrarme a solas
con el aire que adormece,
amo ver que árbol crece,
amo el mar, amo sus olas.
Amo la luna plateada
y las estrellas lejanas,
mas no así las cosas vanas
que no me llevan a nada.
Amo pues las buenas cosas,
a mi hermano y a mi madre,
y a la espina aunque taladre
mi mano al buscar las rosas.
Amo a aquellos que una vez
me dieron su mano amiga,
amo el trigo, amo su espiga,
amo bien, y amo al revés.
Amo la lluvia en verano,
también el frío en invierno,
amo el saludo fraterno,
amo tarde... Amo temprano.
Tantas cosas mi alma ha amado,
y en verdad con gran amor,
pero amo más al Creador,
pues la vida me ha obsequiado.
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