A Rubén Darío
De este rincón doliente, tedio y fatiga,
te hago llegar mi salmo enardecido:
¡tu pose elegante, indócil y sumida
en un interminable génesis tranquilo!
Tu mano al Ideal ninguna otra alma guía,
sólo es tu inspiración la magia de estar vivo;
bien vuela en el Parnaso tu Idea cristalina
pero, maestro, aquí ya no hablan los mirlos,
los cisnes indolentes, de hastío se marchitan.
Poesía es Tiempo y Genio, poeta y lira,
atento siempre al Imposible, gran Darío,
escribano del orbe, guerrero de las Indias,
pagaste a Caronte con mil alejandrinos.
El resto fue tu aura, la miel de tu sonrisa.
¿Hallaste a Max Estrella? ¿Está el Marqués contigo?
Sería una admirable triada elegíaca,
un bello carnaval, ceremonioso, pensativo...
mientras por dentro se recrean las orgías,
los cánticos, los lloros, los mundos intranquilos;
pausadas filosofías,
rebullir de enjambres, ¡miel de Darío!
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