Perro de guerra
Lacayo de la luna, doblega la estirpe unánime del trueno
el café de noche en su negro cavernario, reconcíliame con ella.
La pacotilla de tus huesos muele los granos de café más amargos,
las frágiles caderas descuidan el olor fértil de la indulgencia.
Báilame como perro de guerra veterano de un amor,
en la retahíla omnisciente de un durmiente amfitrión,
el reposo en tu aposento de mártir y de sacristía
la pátina del tiempo coloreará el fósil de tu corazón.
E
la reconciliación de las esquinas orinadas,
el aire cortado por las frívolas habladurías,
el hurto de las noches mendiga apabullado.
Sayo de sombras ensayadas, que no se proyectan
la lepra del luto sirve al pronto la carroña,
en las torcidas patas de las pulgas que te cuelgan
finge tu lágrima punzante el eterno pesar que la ahonda.
Báilame como perro de guerra aún no vencido
por esta batalla de congresos gangrenados,
que insuflan consensos que tu lengua ordeña
Y el flato consecuente te inmovilize un rato.
Y sigue en tu corriente de perro sin amo
ladrando perfidia tus pulgas rascando,
la fruslería de ese hocico grosero
amedrante tus pasos que no sienten miedo.
Conoce más del autor de "Perro de guerra"