Pequeña y dulce ciudad
Tantos recuerdos, esparcidos por la ciudad, esa que lleva nombres en los árboles y tatuajes en las bancas de aquellos que juraron amor en madera, de esos que detrás de un árbol besaron sus cuerpos sin cansancio, con la adrenalina al máximo.
A esa ciudad que le sobran las notas de nostalgia, los paquetes de sorpresas y las caricias por cada colina desde donde se ve la ciudad iluminada por quienes deciden tener una velada viéndose lo ojos, tenue por los que han encontrado verse al desnudo.
A esos pensamientos esparcidos, a esas caricias otorgadas y tatuadas en el alma, a esos sentimientos tan cruzados, eternos, fugaces, a esos alberga con locura incansable e incomprendida, sin duda la ciudad del amor, floreciendo entre los valles de la guerra, aumenta la cosecha de luces nocturnas y pequeños respiros qué dicen más que un te amo.
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