PASAJES DESORDENADOS
Nos encontramos allí,
en aquella frontera, donde el mar se junta con el cielo.
Donde los recuerdos te vuelven a la memoria.
¡No me jodas!
Que yo no estoy ebrio, soy solo un hombre que aún tiene anhelos y francos deseos.
No me culpes si al verte tirado, te tiendo la mano, son mis ideales, yo tengo coraje, valor y fuerza de salir adelante.
Vamos a dejar las cosas claras: yo soy torpe, incoherente y a veces despistado, pero te quiero.
Mientras grito contra las injusticias que suceden, ignoramos el hecho de no amar-nos;
por no decir que es culpa tuya, ya que mataste el árbol que era casa de los pájaros, gusanos y mariposas.
Oh sí, yo no veo, no te escucho cuando gritas a lo lejos que mañana será tarde para vender el olvido.
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