Noche
En lo más profundo de la habitación te distingo, tierno y desnudo, en el momento exacto de la contemplación.
La sinfonía del saxofón nos acompaña una vez más en este encuentro.
Tu presencia me resulta una delicia, la fantasía más utópica y magnifica en existencia. Háblame suavemente pues es tu voz y la composición en tus palabras la melodía más sutil y magnética que me guía a ti.
He de compararte con los placeres más exquisitos, un café o un viejo disco de Jazz, esas fascinaciones sin límite que te transportan a lo más erótico y sensual del ser.
Mar de Sabores y pasiones.
Encuentro en tu desnudez el esplendor y la magnificencia de la perfección humana; cada centímetro te define como lo más bello.
Se dice que la noche es el momento exacto de presenciar y avivar el amor; tú creas la noche de la nada con un beso, un espasmo.
Dibujas entre mis piernas un infinito de sensaciones matizadas con el rojo que nos une y nos hace uno mismo. Mis ambiciones más altas se reducen al deseo de habitar eternamente en tu regazo; consumir y disfrutar de los sabores ofrecidos por tu carne y tu cuerpo; acogida por el candor de tu voz y la intensidad en tus caricias.
Temo cerrar mis ojos, temo cerrarlos y que al abrirlos no encuentre sobre mi pecho tus cabellos y tus negros ojos fijos. Y mi boca atascada en palabras sin hablar; y mis brazos, entumidos de abrazar, se aferran a tu cuerpo tibio, con los ojos abiertos, con el alma aflorando mi sentir.
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