No hay más ciego que quién no quiere ver
Hoy he sentido la agonía de querer gritar y que algo ahogara mi cuello, un perro de presa en mi garganta robándome lo más bello.
La inspiración no me falta nunca pues yo soy su dueño, esculpo su hermosura en verso y luego diseño y moldeo.
Aún así, me has hecho vivir desesperado como enfermo, buscando la aceptación de morir en un falso te quiero.
Brindar cariño es algo desinteresado, pues te vuelve vulnerable ante el ser amado, ¡Cuántas veces llantos hubo en mis adentros y ninguno fué escuchado!.
Salvo el más pequeño, verdadero y último de todos ellos que la persona que siempre me cuidó supo escucharlo...esta no es una historia de amor, es un relato real del que yo mismo me he salvado.
A
Abrid los ojos.
La felicidad esperará hasta que despiertes
Conoce más del autor de "No hay más ciego que quién no quiere ver"