MOSTAZA.
No detenía el andar de la lengua, abrazaba árboles sin parar y le pedía a la vida volar por entre sus costas. Silencio perpetuo se oía y los pájaros marchitaban las mañanas y fueron marchitando los atardeceres del azulado cielo. Funestos atardeceres que pase desapercibidos por llorar en la esquina del sol de venados, como le suele llamar mamá.
Corazón desgarrado y matices ahumadas de insensatez, y la razón huyo como lo hace siempre que la verdad ya no es más verdad. Y en un grito humano, sellamos el sagrado pacto de conservar generaciones, de arrancar raíces de lo que ha hecho el atropello humano en su necesidad de defensa.
LA GRAN VERDAD revelada al final de los días.
Enfermedades vinieron y marchitan hogares, pero la de la guerra.
Bienaventurados los que asisten a la coronación del rey.
Lluvia de abril que encierras toda promesa gestándose sobre tu tierra.
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