MI ÚLTIMO CIELO.
MI ÚLTIMO CIELO
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La única liberación de esta melancolía
que me esclaviza noche tras noche,
es sentir como el ocaso trae tu aroma hasta la ventana,
arrasando mi mente y dibujando en mis labios una sonrisa.
Los corceles galopantes de mi alma se aplacan,
mis ojos dan una última mirada al áureo crepúsculo
que a lo lejos, en el último escalón de las nubes,
emerge tu figura .
Esa figura que teñida de añoranza,
me llama con ademanes que remecen lo más profundo
de este ya alicaído corazón.
Los siento, y solo puedo responder en un suspiro silente
con el pecho rebosante y estos labios que tanto
anhelan besarte, una y otra vez,
hasta saciar la sed vehemente de tu ausencia.
––¡Ardiente paciencia debo tenerle al tiempo, hasta darle vida a la vida mía!––
Paciencia a las manecillas del reloj,
al calendario en mi pared,
al Sol con su bello atardecer
y a la luna que con sus noches,
a veces oscuras y otras alumbradas,
desde lejos me cobija con su manta plateada,
me arrulla con su voz de seda
y me templa la vida cuando su fiel centinela
la abraza al llegar el alba.
––Vigilante, vigilando––
Atento, muy atento contigo a mis espaldas,
sintiendo cómo tus brazos me abrazan la incertidumbre,
esperanzado aguardando a que el arribo de tu rocío
traiga el brillo de las flores de tu cabello,
que sonriendo tiñen y transforman esta noche gris
en un mundo tornasolado
donde el verde de los arreboles se mece majestuoso,
y los vientos suaves del sur te traen en sus manos a ti,
mi último cielo.
Raymond Sánchez.
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