LA CASA DE LA ABUELA (POEMA 15)
LA CASA DE LA ABUELA
La casa amarilla con sus tres balcones en el frente tiene su historia,
ella acompañó mis primeras impresiones,
vivencias y emociones más espontáneas.
Su sola presencia evoca mis amores más hondos,
mi madre, mis hermanos, mi abuela,
todos desfilan por mi mente al contemplarte.
C
siempre leal, y acogedora,
afable con quién tocase tus puertas.
¡Si pudieras hablarme cuántas cosas me dirías!
Nuevas caras, nuevos corazones te habitan,
sin embargo, tu calor es el mismo…
La abuela, no puedo desvincularte de ella,
siento su afecto, su risa, su mirada,
veo sus cabellos blancos deslizarse sobre su rostro.
¡Me veo escuchando sus sermones!
La abuela, la acompaño con su paso lento por todos tus recovecos,
la tienes en tus entrañas, en tu aire, en cada uno de tus ambientes
y en cada pedacito de cielo que embellece el horizonte.
¡No venerarte sería profanar mis más hondas emociones!
En esta casa vi la luz primera,
mi infancia y mi adolescencia iba y venía al compás del tiempo,
cómo jugamos, cómo gozamos, vivencias sin retorno,
aparecer y desaparecer, solo queda el recuerdo
y posees el don de convocarlo…
La misma mesa, la misma silla,
el mismo día soleado o nublado,
todo regresa igual asaltándome sin descanso,
no dejando más espacio que para risas y llantos.
Te llamo y me contestas, eres madera viviente…
La sala de techo alto, como olvidarte,
un sin fin de vigas surcaban tu faz,
en tus paredes cada grieta almacena un recuerdo
y sosteniéndose en mi mente el retrato del abuelo,
su mirada gestora de sustos y temores.
Allí, en tu viejo salón recibíamos las visitas de tías señoronas,
lugar de chicote caliente, de campo de fútbol, de ring de boxeo.
Sus cojines recibían nuestros cuerpos en piruetas danzadoras
y sobre todo, lugar de arrimadas a primas y sirvientas...
¡Esa era la sala de la casa de mi abuela!
Mi casa toda vieja, toda amplia,
sus cobertizos se bifurcaban en todos los sentidos,
confluyendo en el patio de ladrillos rojos.
Allí, jugamos a héroes y villanos, ladrones y alguaciles,
un día Batman y Robín, otro Superman.
Viajamos al espacio, fuimos terrícolas y marcianos,
también aventureros y corsarios...
Nuestras carabelas surcaban los océanos en gloriosas travesías
y junto a nosotros, nuestro inseparable perro,
a veces Rin Tin Tin, a veces un tripulante más,
siempre afectuoso y leal.
Muchos años han pasado,
sin embargo, todo está presente,
la casa amarilla con sus tres balcones en el frente,
la casa de la abuela, tiene su historia
y esta es la mía...
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