Ho voglio di te
Estoy adoptando el dulce hábito de pensarte
de la misma manera
que los ríos sueñan con el mar.
Levemente vas dejando tus efectos personales
por todas las esquinas de mi cuarto,
del mismo modo que tu idioma
se acomoda a mi columna vertebral.
Y tú me preguntas qué siento,
es de palabra torpe
cuando tu lengua anda presente.
Si le preguntara a mi piel
qué opina de tu tacto,
probablemente me describiría con absoluta precisión
el porqué mis manos marineras
buscan tu cuello en busca de tierra firme.
Mis pulmones me hablarían de jardines
para solfearme la gracia de tus respiros.
Las pupilas darían palmas
para contarme cómo se expanden
cuando nuestros brazos forman
laberintos sin salida.
La peor parte sería para mi espalda,
que sólo piensa en la tregua
que le da tu voz y en cómo cada acento
esculpe ese territorio
al que puedes llamar casa.
Y tú me preguntas qué siento
como si el itañol fuera suficiente
para abarcarte.
De momento, me conformo con que comprendas
que, cuando te susurro
ho voglia di te,
pronuncio cada sílaba con el mismo deseo
con el que muerdo
cada existencia de tu cuerpo.
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