Hablando de Marciana
Cómo se atreven a hablarme de Marciana. Claro que la recuerdo, claro que la extraño, sobra decirlo…
Que qué recuerdo de marciana. El sobresalto que me provoca antes de verla, el olor de su cuello desnudo, sus besos con los ojos cerrados, sus ojos perdiéndose tras sus pupilas blancas, su voz, ese voz que me cantó al ritmo de aguas mansas, su respirar fino al hacer el amor, su piel suave y lechosa, la curva que dibuja su trasero desnudo medio iluminado en la cama ajena, sus pies cubiertos por las sábanas blancas, sus te quiero, su rudeza, sus caricias, extraño tanto ese beso furtivo que un día me robo y jamás me volvió a besar así, su energía, su vibración, lo que más recuerdo es cuando la tomo de la mano.
Cómo tenía los pies. Como dice la canción de aquel viejo borracho y antiguo drogadicto “Tenía los pies diminutos, Y unos ojos color verde marihuana”
No, ella no necesita marihuana. Hay un instante en que has pisado tantas mierdas invisibles que ya no necesitas asumir esas variaciones… …Ella necesita que la amen, que la tomen por la cintura y la abracen, más fuerte. Que la miren a los ojos y le digan, eres perfecta Marciana, que la abracen aún más fuerte y le hagan sentir que llena de humanidad, de sensibilidad, llena de mujer, mujer dispuesta a compartir luz.
Cómo mantiene las uñas, Marciana es la perfección, a mí eso no me suele importar, pero si están bien pintadas. Son como gotas de lluvia a las tres de las mañana de un domingo medio ebrio antes de ir a la casa a dormir, solo lo disfruto.
T
Es algo en lo que me fijado, pero no logro identificarlo, sus cabellos son como verdes, rojos, negros, tienen algo de café y dorados, hasta tiene cabellos de dos y tres colores, son cabellos marcianos.
Claro que tiene otro nombre, como todos, hasta dos, feos, bonitos, raros, pero su nombre verdadero es Marciana, por qué así, es que no sabía cómo llamarla, la hice general y luego se volvió única, es mi Marciana, es mi intimidad, mi ganas, mi energía, pero sigue siendo ella, ella sigue siendo de ella, no puedo ser de nadie más, solo comparte lo que quiere, con quién quiere. Yo tuve suerte, me dio su amor, y no hablo de un cuerpo, eso se puede obtener fácil, me dio sus ganas de querer, de que la respeten, por eso la respeto respeto, me respeto. Marciana y yo sabemos hacernos uno, somos dos mierdas ajenas con ganas de estar juntos, solo eso se necesita, las ganas…
Oye... ¿Dónde estás? ¿Ya? ¿Ola? ¿Por dónde queda la salida?
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¿Marciana, estas ahí?
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