FÁBULA DEL GURRE Y EL CAZADOR
FÁBULA DEL GURRE Y EL CAZADOR
(A Tuty finalmente)
Él hizo una fuerte apuesta.
Es joven y soñador,
Rostro de monstro feroz
La traición se le aparezca.
Ella hizo una fuerte apuesta,
No lo puede traicionar.
Es mucho lo que le cuesta.
Mas si se tiene a sí misma,
Aunque ella mucho perdiera,
Siempre y cuando lo quisiera
Pasar podría por encima.
¿Pero qué será sí misma?
Un Gurre que vive bajo
Los pisos del Cazador,
Saca su hocico peludo
Porque la niña de casa,
Hija de aquel tirador,
lo vea cual marranito
Que ya olfatea el futuro.
Ignorante el Cazador
Siente miedo de aquel Gurre.
Ambos quieren construir
Bonita casa común
Y no deberían por tanto
Traicionarse mutuamente.
Pero Gurre y Cazador
Mal podrían traicionar
Su personal condición;
Para servir a aquel otro
Sacrificarse a sí mismos.
Solo en un caso lejano
Podrían considerar
Que talvez, a lo mejor,
No exista más la traición,
Y haciendo la sinrazón
Ella desapareciera.
Pero no desaparece.
Mata el cazador al Gurre
Y en la mesa bien dispuesta
De su muy bonita casa
Come esa noche la niña
Sabrosa carne de monte.
La realidad es tozuda:
Muy a pesar del deseo,
Contraviniendo el deber,
Burlando a la fantasía,
Vive solo por poder
La señora realidad.
Así, reinan, la perfidia
La mentira, la ambición
La falsedad, la soberbia
El orgullo y la arrogancia.
Mesura, ponderación
Templanza y serenidad,
Para siempre se han perdido.
Egolatría y traición
Son la norma, y excepción
La franqueza, la decencia,
La honradez, la lealtad.
¡Ah del Gurre!, pero a poco,
¡Ah también del cazador!,
De sus hijas, de su casa,
De su cena y su mujer,
Que ya nada quedará
Que se pueda sostener.
Bogotá 13 de enero de 2016
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