Entre la angustia, el castigo y soledad
¡Tic tac! a golpe de segundero la hora se aproximaba,
el tiempo como justicia inexorable, como carcelero en palas
atenea ígneas en derredor, los cuervos picaban
mi enjuta puerta, con inquina, y en el interior la presencia de Penelope…
esta vez el que fruncía era yo.
�
el corazón ya me late a tiempo, las penas son venas
de musicalidad y abrí las alas al ritmo de este compás,
anduve donde los ángeles no se atreven a entrar
entre la angustia, el castigo y soledad.
Abrí las alas para volar y de nuevo renacer
entre cenizas sacudidas en mi resurgir,
abrí las alas antes de partir, y abatir al querubín,
el cielo aguardaba las alas tronchadas de otro ángel;
pero el cielo siempre puede esperar, el final para los cobardes.
El punto final siempre puede esperar, siempre a tiempo de rubricar
no está escrito el final sino el principio en otro curso de mi universidad,
donde se doctoran acordes de mi latir, por el principio de los valientes
allá donde retumban en pecho firme y caletre,
cuando se abandona la partitura de un réquiem, el silencio
por plisar, esa inesperada melodía ausentada
que a cuchillo el romancero se abrió en canal
para destripar al penitente, el que sintió pena, angustia, y soledad.
Abrí las alas al ritmo de este compás,
entre la angustia, el castigo y soledad.
Gracias a ti no hay muerte sino mudanza,
allá donde vivo la vida, la de la esperanza…
Hacer posible lo imposible, es poder con esto y con mucho más;
y confieso que te amo no por amarte
incluso por ti amo como a mÍ mismo debo amarme,
como profundo credo ancorado que se encontraba
en el lacustre fango, de mis penas que tú ahogaste.
Confieso que podría amarte hasta lo inconfesable.
Incluso algún día, el de mañana, cuando ni vocales
ni consonantes rimen, confesaré que te amo, no por amarte.
Confieso que perdí mis memorias del pasado por presenciar
ya soy presente auxiliado, y a dentelladas
muerdo y trabajo en mi remedio de no ausentarme
con el fin de no aburrirme, porque solo se aburre el pasado
el presente ya es posible, el pasado olvidado, y el futuro por rubricar
Conoce más del autor de "Entre la angustia, el castigo y soledad"