Entre el paso y el tiempo.
Esta mañana me he levantado sin mirar siquiera el calendario sobre la mesilla, por aquel miedo atroz que siento muy dentro de mí, y esta manía de revivirte cada vez que me parece necesario, cada vez que los cuadros que cuelgan sobre las paredes de mi habitación se balancean y caen manchándolo todo de ruido y olvido, una rara combinación considerando que el eco perdura en mi pecho después de un año, y después de un año todo se ha llenado de aquellos paseos por la calle, mirando al resto del mundo que parece mirarme desprotegido y débil ahora que tú ya no estas y el asfalto llora, ahora que la música no desata la emoción de los niños y todos los helados del mundo parecen amargos, y aunque el tiempo muerda y no verte más sea el precio de seguir adelante, lo haré, porque eso hubieras querido, y aunque tu estés allá y no puedas leerlo, o yo esté aquí y no pueda gritarlo, todos te conocerán por lo que fuiste, por lo que serás, por lo que eres, el hombre que derroto al cansancio y a los problemas, el esposo que creyó en la eternidad, el padre de armadura y espada, y el abuelo que solía soñar.
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