En la Hora Oscura
Y en las horas oscuras y delicadamente crueles,
Viene como un delicado polvo e inunda la atmosfera de la estancia.
Flotando entre el sublime oxígeno, observo en silencio cada partitura que resuena en el eco mudo de las sombras.
Hasta que un guijarro de experiencia perece, y oscila entre su ascenso al cielo,
Agitándose entre las manos de los ángeles.
Toma la forma de humo, y recrea secuencias que, en un tiempo antiguo,
Formaron una historia, y la tinta húmeda se une al papel;
Como la lengua y el vino se entrelazan en noches indecorosas en el centro de las ciudadelas.
Así Hermes lleva el mensaje, y sus plumas susurrantes despiertan los sueños, mientras la ceniza del cigarrillo cae desmenuzada y blanca, sobre la mesa donde los tapices y las cartas se decoloran,
Bajo la luz eléctrica de miles de velas metálicas.
El café, el vino, la pereza.
Todo converge, implosiona, se deshace y rehace, en un uróboros de locura y cordura.
Se tensan y fluyen las alas, dormitan los problemas y yo me explayo, me excito, me libero y detono.
Las horas frías se tornan cálidas, quietas, espontaneas.
Las heridas cutáneas sangran sin estar abiertas, las estatuas lloran y los muertos vuelven.
Son como costras negras que arañan la tierra, y la rompen y la agrietan.
Entonces brotan, y dejan de nutrir el fango, y la podredumbre.
Hasta que las palomas salgan con el amanecer, y la tinta dibuje amor.
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