El Enigma
El Enigma
En la lejanía se encontraba ella, su pelo anochecido caía hasta llegar a sus hombros, su mirada alumbraba el otoño, sus labios color miel me hacían preguntar si sabían cómo se ven. Sentada con un café en la mano y a Jorge Isaacs en la otra, dejaba sin aliento al mundo.
Que pasaría, si le digo que ella es la palabra perfección y que su nombre acogería a la definición. Vendría Conmigo a Hablar de Efraín y María con un café en las manos o simplemente se sonrojaría, tal vez sonría nos demos el gusto de conocernos y se iría. Quizás ser valiente no es lo mismo que ser poeta, prefiero escribirle y amarla sin tocarla que estar pensando en un enigma. Como el enigma de la muerte, no saber que hay después de la vida.
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