Desde el Coliseo: Carta abierta.
Como quien lanza una
botella al mar,
desde el centro de Roma,
sin esperar respuesta,
pero celebrando
el acto mismo de lanzar...
Un universo perpetuo,
un paraíso sin fin.
A
de lo real, lo divino,
lo mundano y lo terrenal,
desde este museo,
en el mismo
corazón de Roma:
A estas alturas de la
travesía,
en este tiempo y plano
de la existencia,
mejor solo cuando se
pretender evolucionar
y seguir,
y aún más
para escribir.
Y si con todo lo vivido,
lo experimentado,
las caídas y subidas,
hasta aquí he llegado
y ya…
pues ya no queda más
por alcanzar,
conseguir o conquistar.
A todo el universo,
desde este Coliseo,
hoy proclamo
que ha merecido la pena.
Que este viaje ha sido
aprovechado,
desde su inicio hasta aquí.
Que, con un "suficiente",
me doy por contento,
si lo hasta hora
hecho no da para más.
Y si acaso,
por las cosas de la vida,
esto no es el fin,
y aún queda más por
alcanzar,
por revelar,
o más camino por abrir…
al pesar del dolor,
del sufrimiento necesario,
y de todas las
incongruencias generalizadas:
¡Créeme que ando atento,
que siempre quiero
más de mí!
Pues con un susurro,
una razón,
o una simple señal,
será más que suficiente
para seguir.
Por eso,
para este viaje,
o mejor dicho:
¡Pura vida y arte del vivir!
Mejor solo que
acompañado.
Y una vez más,
ante la ambigüedad del tiempo,
de lo real, lo divino,
lo mundano y lo terrenal…
aquí y ahora mismo,
proclamo:
¿Qué otra cosa,
si no lo mejor…
que seguir?
¡Pura vida pues
y por más!
Más claridad, más profundidad,
más montañas que escalar.
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